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CUENTO: UN ACUERDO DE SENTIMIENTOS

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hace 5 años y 5 meses
Por Lina Marcela Múnera

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Existe un lugar donde todos los sentimientos confluyen. Un lugar fuera del tiempo y del espacio donde los sentimientos interactúan con sus pares. Allí los sentimientos acuerdan reglas de relación para los humanos, porque saben que de dejarlas a su voluntad, solo aquellos con los sentimientos más indignos sobrevivirían.

Así pues, a la casa de Justicia fueron citados Perdón y Olvido. Justicia les llamó a su mesa y les habló con angustiadas palabras. «Camaradas, hay un problema inmenso que afecta a la humanidad. A pesar de mis esfuerzos para impartir mis efectos entre los hombres que han sufrido los destrozos de los sentimientos indignos, en especial de Injusticia, no he logrado mi objetivo. He hecho todo lo posible. He condenado a los responsables a penas incalculables. He expuesto la verdad para que no triunfe la mentira. He reprimido la impunidad para que todo delito sea castigado, pero aún no logro habitar en los corazones de aquellos que sufrieron tantos años los azotes de mi enemiga».

Perdón se cubrió la cabeza por la vergüenza, y Olvido trató de reprimir sus lágrimas. Para ellos estaba claro. No habían podido responder a las expectativas de aquellos que habían sufrido el terror en carne propia. Aquellos repudiados injustamente por tantos años aún sentían el dolor de su pena, y ni Perdón ni Olvido, habían logrado su parte.

Olvido logró al fin, con un pañuelo ya empapado, tomar la palabra. «No es posible olvidar si el rencor aviva constantemente los hechos para alimentarse». Perdón descubrió su cabeza y replicó con dureza lo contrario.«Perdonar es imposible si viene a la memoria permanentemente cada hecho, con tanta fuerza como si se pasara de nuevo cada día por la tortura de vivirlo». Era una eterna discusión que se retomaba cada vez que se reunían. Sabían que ambas eran ciertas y a la vez ninguna. Sabían que tenían que lograrlo uniendo sus fuerzas, pero no encontraban el cómo.

Mientras, Justicia se dedicaba a luchar contra los efectos de su enemiga, que en momentos había logrado habitar en los corazones de los hombres, degradándolos a vejámenes innombrables. Pero no lograba aún habitar en los corazones de las víctimas más graves de Injusticia, y eso la desasosegaba. Sabía que no había que repartir culpas, era el momento de tomar decisiones, así que retomó la vocería con firmeza. «Os he invitado para que busquemos la ayuda de un sentimiento que se encuentra en las montañas de los sueños. Se trata de Duelo, que no se le ve entre nosotros con frecuencia.

Olvido y Perdón cavilaron un instante. Olvido comprendía que mientras el rencor dominara los corazones de los hombres, jamás hallaría la oportunidad de borrar de su memoria los sentimientos de dolor que los aquejaban. Había estado tan seguro de ello que había prescindido de unir sus fuerzas con otros sentimientos. «Sabes, oh soberana Justicia, que Duelo no es un sentimiento que suela trabajar en compañía. Es un sentimiento solitario que realiza su trabajo silenciosamente, que no se apoya en nadie y que usa reglas incomprensibles.»

Perdón a su vez meditaba en lo infructuosos que venían siendo sus esfuerzos. Había luchado sin menguar contra los recuerdos que agobiaban a aquellos en que el rencor seguía sujetando los corazones, a pesar del paso del tiempo. El rencor seguía triunfando, y su fracaso impedía la felicidad de aquellas criaturas. «Por otro lado, oh soberana Justicia», expresó, «en los casos que nos ocupan no siempre puede actuar Duelo. Cuando los sucesos se dilatan en el tiempo Duelo no tiene un punto de partida desde el cual operar.»

«Ambos están en lo cierto», dijo Justicia, «pero debemos tomar medidas radicales. Esta cuestión debe resolverse». Y los tres se pusieron en camino hacia las montañas de los sueños.

Justicia, Perdón y Olvido encontraron a Duelo sentado observando el firmamento, y en tal posición estaba tan absorto que no percibió la llegada de tan destacada visita. No podían hacer otra cosa que esperar sin molestarle, no querían iniciar su acuerdo en malos términos. Duelo constituía su último recurso y no estaban dispuestos a malgastarlo por las prisas. Finalmente el duelo se levantó y halló a sus congéneres esperándole, y les recibió con una sonrisa. «Por fin habéis llegado. Os estaba esperando hace mucho». Palabras inesperadas que impactaron al trío visitante. «Pero no os quedéis fuera», continuó Duelo, «entrad pronto». Resultó que los condujo a través de un agradable y cuidado jardín, hacia un amplio mirador. Se escuchaba a lo lejos el transcurso del río, el trinar de los pájaros y el susurro del viento. Poco a poco, Justicia, Perdón y Olvido, se compenetraron con la calma de tal morada y estuvieron con mejor disposición de creer que era posible lograr su objetivo.

«Parece que conoces la razón de nuestra visita, amigo Duelo», comentó Justicia. «Así es, oh soberana Justicia», le informó Duelo, «y debemos acordar nuestro plan de acción». Perdón y Olvido estaban ansiosos por escuchar qué tenía para proponer Duelo, ya que tan seguro se le veía.

Duelo aclaró su garganta para hablar. «Ciertamente existen personas en las cuales nuestros enemigos han hecho tan profundos daños, que ninguno por nuestra cuenta podría resarcirlos. Permitidme expreso mi propuesta». Justicia, Perdón y Olvido se contagiaban cada vez más por la seguridad de Duelo, el cual continuó tras tomar un poco de agua. «La única oportunidad está en que trabajemos sumando nuestras fuerzas. En primer lugar, Justicia debe lograr que a cada quien se le dé lo que merece. Debes asegurarte, oh soberana Justicia, que existan leyes justas y eficaces. Lo principal consiste en lograr que los mismos hechos no puedan volver a suceder en el futuro. Las víctimas deben comprender que su sufrimiento no ha sido en vano». Como Justicia asentía, Duelo continuó. «Si Justicia logra su parte, Perdón deberá procurar el reconocimiento. Que cada víctima acepte lo que sucedió, que entienda que no tiene que esconderse más. Ver los hechos que despertaron el dolor, enfrentarlos con la frente alta, ayudará a que se sanen las heridas del corazón». Perdón no podía menos que sonreír, Duelo sabía perfectamente cómo se hacían las cosas. «Y ahora tu, Olvido, deberás procurar que poco a poco los sentimientos de pena se desvinculen de los hechos que les dieron origen. Procura gravar con fuerza en la memoria de las personas los recuerdos que despertaron los sentimientos más dignos, en detrimento de los hechos tristes». Ahora quien sonreía era Olvido. No había duda de que Duelo era sabio, nadie conocía tan bien los procedimientos del olvido.

Finalmente Justicia planteó el último interrogante. «¿y tu?». Duelo sonrió y dijo. «Yo acompañaré vuestros esfuerzos. No lograréis nada de esto sin mi». Todos comprendieron y el acuerdo quedó plasmado. Desde entonces, en el estrado de Justicia, se sientan también Duelo, Perdón y Olvido.

 

LINA MARCELA MÚNERA

 

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