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El deseo de la Rosa.

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hace 5 años y 4 meses
Por Ernesto Blanco
Modificado posteriormente el 31 d Diciembre dl 2011 a las 2:31 PM

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Buen día.

En esta ocasión, como podrán deducir del título, no va de informática ni nada semejante. En esta ocasión solo quiero compartir con todos ustedes un lindo cuento, que en lo personal me trae muy bonitos recuerdos.

No haré nada mas de preámbulo al respecto, únicamente: «Para ti en este día especial»

 

El deseo de la rosa

 

Al margen de la civilización, en un lugar donde las estaciones marcan el ritmo de la vida y las estrellas cuentan historias, hubo un romance que jamás se olvidará.

El sol regalaba su calor a las criaturas de aquél bosque, los animales diurnos despertaban desplegando un matiz de colores y sonidos que anunciaban el triunfo de la primavera sobre el feroz invierno.

De entre todas las florcillas silvestres destacaba una rosa roja que, nadie sabe como ni por qué fue la única sobreviviente del rosal. Todas las mariposas huían de ella, pues pensaban que era dañina y por eso había destrozado a las otras rosas con sus espinas. El rocío no le regalaba su amor pues decía que era un espécimen raro y debía morir por selección natural. Las abejas comentaban entre sí que esa triste flor era incapaz de proporcionar miel.

Una noche, la luna redonda y bella asomó su rostro al bosque y le pareció escuchar que alguien sollozaba. Con su resplandor plateado iluminó a la solitaria rosa y preguntó: — ¿Por qué lloras mí estimada rosa? — y la rosa contestó: —No te burles de mí, luna, todos saben que de nadie soy estimada—. —No es burla cariño, y para que me creas te concederé un deseo; mañana cuando amanezca se realizará.

Esperanzada la rosa dijo en un susurro: —Deseo tener un amigo a quien regalarle mi amor y hacerlo feliz.

—Sea —Dijo la luna, —mañana el tan preciado amigo llegará.

Apareció el radiante sol derramando su alegría por doquier, pero la rosa aún tenía sus dudas, quizá la luna le había engañado  e ilusionado en vano.

 El atardecer asomaba cuando la rosa escuchó un ruido extraño. Nunca había visto nada igual. Se trataba de un joven que caminaba distraído por el bosque, y se detuvo sorprendido al mirar el rosal que ostentaba orgulloso una sola flor.

En primera instancia pensó en arrancarla, pero al observarla de cerca contempló que la rosa bullía de vida desistió de su propósito y se inclinó tomándola entre sus manos con delicadeza y decidió contarle sus penas y sus alegrías.

—¿Sabes bella flor? He conocido a una joven hermosa, tan hermosa como el sol al ocultarse en este atardecer; se llama Esperanza. Me he enamorado de ella y sin embargo no podemos casarnos, porque nuestros padres son reyes de países en guerra. ¿Parece loco no? Todo el mundo cree que ser príncipe lo es todo. Tengo riquezas, me ofrecen la mano de princesas que estarían encantadas de ser reinas cuando yo gobierne, y vivo en soledad porque mi amada es hija de los acérrimos enemigos de papá. Si me vieran mis caballeros y los nobles que se dicen mis amigos me juzgarían enfermo de la cabeza por charlar contigo y contarte mis sufrimientos…. El príncipe Fernando no puede conversar con una flor. Pero yo siempre voy contra la corriente, querida amiga, me critican, por ejemplo, porque yo no tengo siervos…. Los que me dio mi padre son libres ahora…

Conmovida, la flor habló a aquel corazón tan sensible: —«Si te hace bien contarme tus cosas puedes venir, siempre estaré aquí para ti, y espero poder hacer más que escucharte y que te sientas feliz.»

A partir de entonces el joven príncipe volvió, siempre solo a conversar con su amiga la rosa, quien siempre le hablaba al corazón y sentía que recobraba los ánimos, pues aunque la flor no respondía exactamente con palabras él sentía comprensión y siempre sabía que hacer después de contar a su amiga lo que pasaba.

No obstante, la rosa solitaria cometió un error que le costaría caro: se enamoró de su amigo.

Así pues, puso todo su empeño en hacerle feliz. Le aconsejó como tratar con sus padres y con los padres de la princesa y lograr reconciliarlos hasta que por fin el príncipe anunció su inminente matrimonio.

Todo estaba listo, se celebraría la boda de Fernando y Esperanza en el bosque, pues Fernando quería que Esperanza conociera a la rosa que tanto le había ayudado. De hecho, quería regalársela pues, según él, las rosas no duran para siempre en el rosal y sería una gran sorpresa para la princesa que tanto apreciaba los detalles.

Pero un día antes de la boda, Fernando se presentó corriendo y arrodillándose en el suelo del bosque cogió a la rosa entre sus manos. Estaba desesperado y las lágrimas corrían por sus mejillas.

—¡Oh, amiga! La pena embarga mi corazón! Parecía perfecto, mi boda, mis padres y mis suegros en paz, dos países evitaban la guerra…. Hoy, Esperanza ha caído enferma. Los médicos dicen que es una mordida de un animal venenoso, y el único remedio que conocen es sangrarla…. Es terrible…. Pero ¿Por qué te cuento todo esto? — —Dijo el príncipe enrojeciendo de ira— —¿Tú que sabes del amor? ¿tú que sabes del dolor? ¡Jamás podrás ayudarme! Este tiempo que conversé contigo fue un desperdicio, igual hubiera conversado con el agua del río y mis ideas habrían fluído para conquistar a Esperanza y traer paz a nuestros dominios.

Fernando se levantó con rudeza y echó a andar por donde había venido.

La rosa por su parte quedó acongojada, nunca esperó que él la despreciaría de esa manera. Ella estaba enamorada y consciente de que nunca podría ser mujer. Aún así se esmeró en hablarle en el lenguaje universal de los sentimientos. Ahora, la prometida de Fernando había caído en cama y probablemente moriría.

Pensó y pensó nuestra rosa hasta que apareció la luna… Sí, la luna, ella tendría la solución.

—Luna, por favor tienes que ayudarme— —llamó la rosa, esta vez con tristeza en su voz, sin importarle que todos los animales del bosque escucharan.

—Tú dirás, estimada flor— —respondió la luna con voz dulce— —tienes que ayudarme para que Fernando, el amigo que me enviaste cuando te lo pedí en un deseo sea feliz, ¡Por favor ayúdame! — suplicó la rosa.

Minutos después un búho retiraba a la rosa del rosal que hasta ese momento fue su hogar y la llevaba fuera del bosque, hacia el palacio de Esperanza.

El ave se posó en el alféizar de la ventana y con sumo cuidado y presición dejó caer la rosa sobre el pecho de la princesa enferma.

En un acto reflejo y sintiendo la rosa fresca sobre ella, esperanza la tomó y entre febriles dolores colocó la flor sobre la herida, intentando mitigar el fuego que poco a poco menguaba sus fuerzas.

  La rosa introdujo su tallo delicadamente en la mordedura. Algunos instantes más tarde el rojo radiante empezó a cambiar por el marrón, sus pétalos otrora suaves tornáronse rugosos y comenzaron a caer, uno a uno, marchitos. Aquel tayo que antaño absorvió el agua que le daba vida, extraía el veneno que corrompía la sangre de la princesa Esperanza.

Estaba hecho, con un poco de reposo Esperanza se levantaría. De la rosa solamente quedaban pétalos en la cama de la princesa y el pequeño tallo que resvaló, aguantando un poco de vida en el centro que había dado néctar a los colibrís, alguna que otra mariposa y ocasionalmente abejas, pocas criaturas que no la juzgaban por ser la única en el rosal.

A la mañana siguiente, la reina Amalia, madre de Esperanza indicó al príncipe Fernando que entrara en la habitación de su prometida, pues el color había retornado a sus mejillas y dormía tranquilamente, ya sin fiebre.

 El joven abrió la puerta con cuidado para no despertar a su amada, entró y percibió un aroma que le era familiar. Quiso recordar de dónde conocía ese perfume sin conseguirlo.

Una mezcla de emociones lo agobiaron cuando se inclinó para ver el rostro de su princesa. Allí estaba, más hermosa que nunca después de haber estado a punto de perder la vida y junto a ella ¿Pétalos de rosa?

Sí, eran pétalos de rosa marchitos….

Un pensamiento asaltó la mente del príncipe y susurró: —¿Eres la rosa solitaria del bosque? Si eres tú, ¿Por qué salvaste a Esperanza? Yo te grité…. Yo…. Yo te dije tantas cosas….—

Entonces la rosa habló por última vez al corazón de Fernando: —Lo hice porque te amo desde siempre, pero somos tan distintos…. Sin embargo, mi mayor anhelo es que tú seas feliz…. Este es mi regalo de bodas.

 

Fin.

 

D. A. R. Isabel Del Castillo Solís.

3 comentarios

Gravatar #1. allegg
hace 5 años y 4 meses

simplemente hermoza.

Gravatar #2. otoniel elim
hace 5 años y 4 meses

Yo diría que aparte de hermosa, sería una historia que nos serbiría para refleccionar en ésta época del año

Gravatar #3. jesús rosario rojo q
hace 5 años

lindo cuento...

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