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ME NIEGO A TENER UNA OFICINA INACCESIBLE

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hace 5 años y 2 meses
Por Lina Marcela Múnera

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Cuando se es joven y recién egresado de alguna universidad, entre las primeras tareas, si es que se quiere ser independiente, consiste en encontrar una oficina para prestar sus servicios profesionales. Con todo el deseo del mundo, y con poco dinero en el bolsillo, el interesado recorre todos los edificios del centro buscando una oficina que se adecue a sus expectativas, sueños y gustos. Se pregunta por el parqueadero, el área, el horario de atención en el edificio, el precio, y también, por la accesibilidad.

La accesibilidad es un derecho que tienen las personas con algún tipo de discapacidad. Implica que la sociedad y el Estado tienen el deber de asegurarles su acceso, en igualdad de condiciones con las demás, al entorno físico, el transporte, la información y las comunicaciones, incluidos los sistemas y las tecnologías de la información y las comunicaciones, y a otros servicios e instalaciones abiertos al público o de uso público, tanto en zonas urbanas como rurales.

Ya que tengo amigos con diversas discapacidades, he empezado a notar las diferentes barreras que deben enfrentar de forma cotidiana. Por eso me interesa tener una oficina que cuente con los elementos mínimos de accesibilidad, en especial para las personas con discapacidad física, que son aquellas con deficiencias corporales que tienen limitada su movilidad y que por tanto deben usar muletas, sillas de ruedas, prótesis, bastones o algún soporte para aumentar su estatura.

Las personas con discapacidad son el 6% de la población de Pereira, un mercado nada despreciable, en especial para quien se estrena en su profesión; una población que también compra, vende, paga y ofrece, y que a diario encuentra barreras para participar en igualdad de condiciones con las demás, en el mercado de bienes y servicios.

Pues bien, la travesía inició en el edificio Braulio Correa. Oficinas cómodas, precios apropiados, el ambiente maravilloso… Pero el ascensor tiene desnivel y el ascensorista solo está en horario de oficina, lo que significa que si el negocio con el cliente de silla de ruedas terminó a las 7 de la noche, tendrá que quedarse allí hasta el otro día porque ni modo. En fin, edificio descartado.

La historia se repite en muchos edificios de oficinas de la ciudad. El edificio de la Corporación Financiera, centro médico, Torre Bolívar… Y muchos otros más a los cuales no les recuerdo el nombre ya que desde el exterior se evidenciaba su inaccesibilidad. Si esto es para encontrar una oficina, no me imagino cómo será la batalla de las personas con movilidad reducida para, diariamente, encontrar restaurantes, hoteles, vivienda, recreación o educación.

Uno se encuentra con muchas cosas graciosas. En un edificio de la plaza de Bolívar nos decían que las personas en silla de ruedas podían entrar por el parqueadero, pero al revisar descubrimos que dicho parqueadero tiene una pendiente tan inclinada que una persona en silla de ruedas que se aventure sola a subir o bajarlo tiene que ser aficionada a los riesgos extremos, y además tener una voz sobrenatural para gritar desde lejos al vigilante para que le abra la puerta del parqueadero. En otro edificio nos encontramos con que las rampas son tan empinadas que no se pueden subir ni a pié. Nos dijeron varias veces que lo normal era que los vigilantes cargaran a la persona en silla de ruedas para que pudiera entrar al edificio. Y además, los pocos edificios que tenían ciertos elementos de accesibilidad ya estaban copados.

Así pues, amigo abogado, contador, ingeniero, vendedor, odontólogo o médico. Sí, usted que tiene su oficina en un edificio del centro. ¿Se ha preguntado a cuantas personas deja de prestar sus servicios solo porque su oficina no está al alcance de todos? No sé ustedes, pero yo me niego a tener una oficina inaccesible. Me niego a perder un mercado de personas, de atenderlas con dignidad y respeto, a cumplir mi deber como ciudadano de garantizar que al menos mi oficina es accesible para sus requerimientos.

Y a usted, amigo arquitecto o ingeniero civil, tenga ética profesional. No haga que sus instalaciones sirvan solo para la mayoría. No descarte que sean utilizadas por adultos mayores, personas con discapacidad reducida o personas con deficiencias físicas temporales. Haga valer su conocimiento y evítese problemas legales, porque hacer infraestructuras inaccesibles, también implica incurrir en responsabilidad civil.

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