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DE LA LOCURA DEL TIEMPO Y DEL TIEMPO DE LA LOCURA

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hace 4 años y 5 meses
Por Lina Marcela Múnera

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Cuentan que en un momento de la historia,  un día como cualquier otro, el tiempo enloqueció. Del relojero que lo sincronizara por primera vez ya no se tenía memoria, y nadie más había que conociera su funcionamiento.

 

Todo comenzó en el principio, cuando un tiempo joven comenzó con una precisión absoluta a registrar los segundos, los minutos y las horas. La vida de los hombres seguía su puntual guía y los astros y los fenómenos naturales fluctuaban siempre fieles a sus registros exactos.

 

Los relojes del universo eran sus hijos, pequeñas criaturas que trataban de seguir admirablemente su marca constante, y que solo requerían una fuente de energía que les permitiera vivir para indicar a los humanos los trazos de aquel que le daba orden al mundo. Así funcionó durante millones de años. El tiempo daba gusto a todos, su más grande orgullo era la puntualidad bajo la cual giraban todos los procesos biológicos, físicos y humanos.

 

Sin embargo tal como existió un principio tendrá que existir un final. Por su uso constante el tiempo fue perdiendo facultades, y lo que antes era una precisión exacta se convirtió en una simple aproximación. El tiempo ya no era joven, sus circuitos se desgastaban poco a poco y con ello, todo cambió.

 

Inicialmente nadie percibió el progresivo desbarajuste del tiempo, en realidad nadie pensaba si quiera en la trascendencia y la necesidad de su guía. Las imprecisiones en que empezaron a incurrir los tan juiciosos y esmerados relojes de los hombres se atribuyeron a defectos de fábrica. Pero la naturaleza perdió su coordinación tan necesaria y todo devino en desorden. Las lluvias llegaban en épocas de sol, las estaciones se alargaban y se recortaban sin que se pudiera entender la razón. Los cultivos dejaron de producir sus frutos en su tiempo y los días se hicieron más cortos.

 

Los humanos ya no podían controlar su vida. Poco a poco, las horas ya no alcanzaron para hacer lo que debían. Comparaban sus cortos días con el pasado, en que el tiempo corría con normalidad, y se entristecían. Los hombres se hicieron más viejos con prontitud pero nadie entendía lo que sucedía.

 

Para trabajar más rápido los hombres crearon las máquinas. Para pensar con velocidad inventaron los computadores. Surgieron medios de transporte de alta velocidad y medios de comunicación con transmisión simultánea. Buscaron en la ciencia adecuar de nuevo su vida al nuevo ritmo del tiempo, pero aún así se quedaron cortos.

 

Las personas hacían muchas cosas a la vez y no terminaban ninguna. Lo importante fue reemplazado por lo urgente, y la vida comenzó a ser tan banal que perdió significado. Los niños dejaron de jugar pronto para empezar a estudiar, porque de lo contrario no les alcanzaría la vida para hacer todo lo que se esperaba de ellos. Los jóvenes dejaron de cantar, reír y bailar, porque sus actividades profesionales empezaron cada vez más prematuramente. Los padres ya no atendieron a sus hijos porque el tiempo que tenían disponible para ellos no era suficiente. Todos se despertaban más temprano y se dormían más tarde cada día, pero sentían que nunca tenían tiempo. Con el desgaste del tiempo, la vida fue perdiendo su sentido.

 

Así fue como el tiempo enloqueció, y su locura trajo el caos. El clima hacía su voluntad; los campos y los animales ya no obedecían una regularidad en la que se pudiera confiar, por lo que se les añadieron estímulos artificiales para acelerar su crecimiento; la vida se hizo monótona y no había tiempo para mejorar.

 

La locura del tiempo impuso un ritmo inalcanzable para la humanidad. Los recuerdos se difuminaban cada vez más rápidamente porque ya todo carecía de importancia. La velocidad de la vida no permitía meditar los sucesos, hasta que finalmente, las personas se transformaron en extensiones de las máquinas.

 

Escribo estas líneas  en medio del caos, apunto de que la locura me alcance también a mi. Si alguien cuerdo del futuro tiene tiempo para leerlo, se habrá salvado. Quizá aquel que sincronizara el tiempo en el principio recuerde que el gran ordenador requiere mantenimiento. Mientras, el tiempo de la locura ha llegado.

 

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