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Descanse en paz Gabriel García Márquez, el escritor que me enseñó a leer.

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hace 3 años y 5 meses
Por Ernesto Blanco
Modificado posteriormente el 17 d abril dl 2014 a las 4:35 PM

¡Nota importante!

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«El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. «Siempre soñaba con árboles», me dijo Plácida Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. «La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros», me dijo. Tenía una reputación muy bien ganada de intérprete certera de los sueños ajenos, siempre que se los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos sueños de su hijo, ni en los otros sueños con árboles que él le había contado en las mañanas que precedieron a su muerte.»

 

Leyendo tweets me encuentro con la noticia publicada por el periódico regiomontano El Norte de Grupo Reforma, en la que informan de la muerte del Señor Gabriel García Márquez, un verdadero grande de la literatura.

Nunca olvidaré aquel día que, tras toquetear algunos libros en Braille en la Biblioteca Central del Estado de Nuevo León, me encontré con aquel que mencionaba el nombre de una canción.

«¿No me diga, Nora, que Crónica de una muerte anunciada es un libro?», fue la pregunta que le hice, confieso apenado que con mucha ignorancia, a la encargada de la Sala. Yo ya conocía la historia de Santiago Nasar y Ángela Vicario, por la canción vallenata del Señor Lisandro Meza, pero me interesé por leerme el libro.

Me llevé ese libro a casa y, aunque no lo acabé por estar en Braille, fue el primer libro que me conseguí en digital para leer con mi querido Jaws.

Confieso que no me decepcionó para nada; solamente un grande puede conseguir contar una historia empezando por el final, y a pesar de ello, lograr que el lector se quede atrapado y, por un momento, espere que alguien le diga a Santiago que lo van a matar o que lo impida, ¡Por Dios!

Desde entonces comencé a buscarme más libros de García Márquez, volviéndome así aficionado a su estilo tan irreverente y directo.

Esta es la historia por la que recordaré yo a este hombre, y para mí es mucho más importante que el saber que el Señor ganó el premio Nobel de la Literatura en 1982, trabajó para un periódico Colombiano, o escribió medio centenar de libros.

¡Descansa en paz, Gabo!

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