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La legión de los inmortales - libro

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hace 3 años y 4 meses
Por Isabel Del Castillo
Modificado posteriormente el 28 d Enero dl 2014 a las 12:54 PM

Finales de agosto del 55 a. C., sudeste de Inglaterra; la flota romana que ha de invadir Britania se halla a merced de la mar gruesa. Doce mil hombres, a bordo de noventa naves, están bloqueados frente a las costas de Kent. Las olas rompen con vehemencia en la playa, donde miles de guerreros britanos han acudido para defender su tierra. Las condiciones del mar y el escaso conocimiento de los fondos obligan a los pilotos a mantenerse a distancia de la orilla. No obstante, los centuriones ordenan a los legionarios que se echen al agua y avancen. Es preciso desembarcar, combatir y tomar posiciones en tierra firme antes del anochecer: no solo hay que luchar contra los enemigos, también contra el tiempo. El agotamiento de una noche insomne en las aguas de la Mancha, la violencia del mar y la vista de tantos aguerridos combatientes provocan una especie de pánico colectivo que se propaga de nave en nave. Los mejores soldados del ejército más poderoso del mundo vacilan, tiemblan. Contravienen las órdenes de sus superiores, negándose a echarse entre los remolinos con el peso de las corazas. La invasión de Britania planificada por el gran César está naufragando aun antes de empezar...

Luego ocurre algo que cambia el curso de los acontecimientos y que ni siquiera las fuerzas de la naturaleza consiguen detener.

Un hombre se arroja al mar y avanza, solo, hacia el enemigo, elevando el símbolo más precioso de su civilización, el más poderoso: el águila de plata de la Décima Legión. En cuestión de instantes, miles de legionarios se lanzan al mar, dispuestos a combatir y morir con tal de no perder ese símbolo: la conquista de Britania ha empezado.

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Trilogía Profecía de Merlín - Libros

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hace 3 años y 5 meses
Por Isabel Del Castillo
Modificado posteriormente el 10 d Abril dl 2014 a las 11:57 AM

NIÑO, SANADOR, PROFETA... LA HISTORIA DE MERLÍN COMIENZA.

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EL ANILLO DEL HECHICERO - RICE MORGAN - LIBROS

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hace 3 años y 5 meses
Por Isabel Del Castillo
Modificado posteriormente el 14 d Enero dl 2014 a las 4:46 PM

Clanes, druidas, torneos de caballeros, magia antigua. Una mezcla entre lo celta, romano y principios de la edad media es algo de lo que podrás encontrar en estos libros.

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Los de abajo (Libro)

Artículo 3.091 veces visto

hace 3 años y 6 meses
Por Isabel Del Castillo

—Te digo que no es un animal... Oye cómo ladra el Palomo... Debe ser algún cristiano...

La mujer fijaba sus pupilas en la oscuridad de la sierra.

— ¿Y que fueran siendo federales? —repuso un hom¬bre que, en cuclillas, yantaba en un rincón, una cazue¬la en la diestra y tres tortillas en taco en la otra mano.

La mujer no le contestó; sus sentidos estaban puestos fuera de la casuca.

Se oyó un ruido de pesuñas en el pedregal cercano, y el Palomo ladró con más rabia.

— Sería bueno que por sí o por no te escondieras, Demetrio.

El hombre, sin alterarse, acabó de comer; se acercó un cántaro y, levantándolo a dos manos, bebió agua a borbotones. Luego se puso en pie.

— Tu rifle está debajo del petate —pronunció ella en voz muy baja.

El cuartito se alumbraba por una mecha de sebo. En un rincón descansaban un yugo, un arado, un otate y otros aperos de labranza. Del techo pendían cuerdas sosteniendo un viejo molde de adobes, que servía de cama, y sobre mantas y desteñidas hilachas dormía un niño. Demetrio ciñó la cartuchera a su cintura y levantó el fusil. Alto, robusto, de faz bermeja, sin pelo de barba, vestía camisa y calzón de manta, ancho sombrero de soyate y guaraches.

Salió paso a paso, desapareciendo en la oscuridad impenetrable de la noche.

El Palomo, enfurecido, había saltado la cerca del co¬rral. De pronto se oyó un disparo, el perro lanzó un gemido sordo y no ladró más.

Unos hombres a caballo llegaron vociferando y maldiciendo. Dos se apearon y otro quedó cuidando las bestias.

—¡Mujeres..., algo de cenar!... Blanquillos, leche, fri¬joles, lo que tengan, que venimos muertos de hambre.

— ¡Maldita sierra! ¡Sólo el diablo no se perdería!

— Se perdería, mi sargento, si viniera de borracho como tú...

Uno llevaba galones en los hombros, el otro cintas rojas en las mangas.

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¡Libros, libros y más libros!

Artículo 3.456 veces visto

hace 3 años y 7 meses
Por Isabel Del Castillo

Libros para disfrutar con una buena taza de café, té o simplemente para distraer al insomnio.

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Trilogía Sieteaguas

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hace 3 años y 8 meses
Por Isabel Del Castillo
Modificado posteriormente el 6 d Octubre dl 2013 a las 1:35 PM

Un cuento puede empezar de muchas maneras. Por ello, un cuento es muchos cuentos y, al mismo tiempo, cada uno de ellos sólo es una manera de contar la misma historia.

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Datos para préstamo de libros

Artículo 3.228 veces visto

hace 3 años y 8 meses
Por Isabel Del Castillo

Aquí encontrarás la manera de solicitar los libros que publicamos.

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Enigmas de los dioses del México antiguo - Trilogía

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hace 3 años y 8 meses
Por Isabel Del Castillo
Modificado posteriormente el 3 d Octubre dl 2013 a las 6:23 PM

El sonido de las cadenas arrastrando por el piso jamás taladró tanto ni fue tan lúgubre en el recién construido monasterio de la Ordo Praedi-catorum en Atotonilco, como la madrugada del primero de noviembre de 1556. Justo al dar la medianoche los siete frailes provinciales de la Ordo Frátrum Minórum, acusados de herejía' y traición a la corona española de Felipe II, fueron ingresados —con las cabezas cubiertas con tapujos negros y encadenados de pies y manos— al pequeño monasterio tras un recorrido a pie de diecisiete leguas desde México. La comitiva, dirigida por otros diez frailes de la Orden de Predicadores, llevaba por mandato entregar a los confinados a más tardar antes del amanecer. Fray Alonso de Azanza los recibió en la entrada con su hábito blanco, túnica, escapulario, capucha, capa negra y una cruz de Calatrava que le colgaba del cuello.

—Laudare, Benedicere, Praedicare —dijo al abrir la pesada puerta de madera. (El lema de la Orden Dominicana: Alabar, Bendecir y Predicar.)

Sin pronunciar una sola palabra, uno de los encomendados mostró reverencia, agachó la cabeza y le entregó una carta. Fray Alonso de Azanza la leyó con tranquilidad. Respiró profundo, se peinó la barba tupida con los dedos de la mano izquierda, frotó con los de la derecha la cruz de Calatrava que pendía de su cuello; luego caminó hasta uno de los confinados y lo miró de pies a cabeza con desprecio. Uno de los verdugos le indicó con la mirada que él, ese, el primero en la fila, era Fray Francisco de Bustamante, el hereje al que debían castigar con mayor rigor.

—¿Vos sois, pues, quien ha tenido por beneplácito contradecir a la Iglesia y a la corona española? —preguntó mientras caminaba a su lado.

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El señor del Tiempo

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hace 4 años y 2 meses
Por Isabel Del Castillo

Me queda poco tiempo para escribir este relato. Incluso mientras se seca la tinta en mi pergamino, siento

que se aproxima el destino que se cierne sobre nosotros

y, aunque no poseo la visión de un mago sé que no confundo su causa ni su propósito. Es posible que nuestros

días estén contados, pero como el más docto historiador

de los Señores de la Península de la Estrella, es mi deber

legar a la posteridad todo lo que pueda sobre los sucesos

que ocasionarán nuestro final. No eludiré este deber, si

los dioses del Caos me conceden un plazo suficiente.

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Los Pilares de la Tierra

Artículo 3.234 veces visto

hace 4 años y 2 meses
Por Isabel Del Castillo
Modificado posteriormente el 10 d Octubre dl 2013 a las 2:21 PM

«Los chiquillos llegaron temprano para el ahorcamiento. Todavía estaba oscuro cuando los tres o cuatro primeros se escurrieron con cautela de las covachuelas, sigilosos como gatos, con sus botas de fieltro. El pequeño pueblo aparecía cubierto por una ligera capa de nieve reciente como si le hubiesen dado una nueva mano de pintura y sus huellas fueron las primeras en macular su perfecta superficie. Se encaminaron a través de las arracimadas chozas de madera y a lo largo de las calles de barro helado hasta la silenciosa plaza del mercado donde la horca permanecía a la espera.»

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